Agnès Varda: segunda parte

Comparto con ustedes el segundo artículo sobre Sin techo ni ley. Análisis, palabras de la directora y conclusiones para el debate y la reflexión. Aquí acceden al artículo original en inglés que incluye un lista bibliográfica, abajo la traducción que hice al español. Van los agradecimientos del caso a Francisco.
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Sin techo ni ley de Agnès Varda: el excluido como espejo

En 1985 la realizadora francesa Agnès Varda estrenó la que es considerada por muchos su obra seminal, Sin techo ni ley(1). La película representa alrededor de treinta años de experimentación con la estructura narrativa y el desarrollo de personajes. Varda, que siempre ha estado fascinada con la participación de la audiencia en la producción de sentido, ha creado un film en el cual las reacciones de personajes secundarios construyen el retrato de una enigmática mujer.

La directora invita a los espectadores a participar en el descubrimiento del “misterio” que rodea la vida de una mujer muerta. En la superficie, Sin techo ni ley es una historia aparentemente simple. La película abre con la imagen del cadáver congelado de una mujer y un narrador (Varda) le cuenta a la audiencia que lo que sigue son las entrevistas con las personas que la conocieron en las últimas semanas de su vida. A través de entrevistas y flash-backs, el espectador se entera de cómo esta joven mujer terminó en una zanja, pero no por qué comenzó su solitario viaje. La mayor preocupación de la película es la reacción de las personas ante la vagabunda, no su psicología. Varda utiliza las memorias de otras personas para contruir una imagen de la vagabunda.

Lo que sigue es un extracto de un estudio más largo en dos partes titulado Sin techo ni ley de Agnès Varda: un viaje solitario.

Desde el comienzo, Varda establece que utilizará los relatos de testigos para construir un retrato de Mona, pero a medida que el film avanza se vuelve evidente que estas entrevistas revelan más acerca de los testigos que acerca de la vagabunda. Cada entrevista retrata una cierta visión social acerca de lo que es ser un vagabundo, no necesariamente una imagen precisa de quién es esta vagabunda, Mona, en particular. Por tanto, de acuerdo con Varda, la película es: “Más que Mona que siempre nos elude, que es demasiado reservada, demasiado dosificada, la película, aborda ‘el efecto Mona’ en aquellos con los que entró en contacto y a los que inevitablemente afectó. Ella es un catalizador, alguien que fuerza a los demás a reaccionar y a ajustarse a sí mismos en relación con ella.” (2)

Mona tiene cinco relaciones significativas a lo largo de la película. Tiene dos “amigas” mujeres, Madame Landier y Yolande, dos amantes, David y Assoun, y un compañero intelectual, el Pastor. A través de estos encuentros, Varda explora la capacidad de Mona de acercarse emocionalmente, su inteligencia y su independencia, pero más explícitamente estas relaciones exploran como ven las otras personas a Mona y como ella “debiera” ser. El testimonio ofrecido por los participantes en estos largos encuentros es alternado con descripciones de Mona ofrecidas por otros testigos. En una entrevista con Barbara Quart durante el estreno de Sin techo ni ley en Nueva York en 1986, Varda describió sus intenciones: “Quiero ver cómo el “no” que opone a la sociedad obtiene reacciones en tantas diferentes maneras como personas la conocen. Así que, mediante el intento de capturar más o menos, más menos que más, quién fue ella y qué había en su mente, como lo hacemos a través de las reacciones de otras personas, descubrimos más acerca de ellos que acerca de ella”.(3)

Los primeros testigos son los trabajadores de la viña en la que es encontrado el cuerpo congelado de Mona. Un hombre se preocupa por la mujer muerta y le dice a la policía que la razón de las manchas púrpuras en sus ropas es que la joven fue arrojada dentro de una cuba de vino en el pueblo vecino. El siguiente testigo que describe a Mona es Paulo, quien le habla de ella a su amigo. De acuerdo con Paulo, él y su amigo perdieron una oportunidad única  cuando vieron a Mona bañándose desnuda en el mar porque “una chica sola es fácil.” El siguiente corte muestra a Mona caminando por la carretera. Un camionero la recoge, pero cuando ella declina su invitación para usar la cama de la parte trasera, él la echa. Luego, el camionero hace de testigo de Mona a su compañero y la describe como linda pero insoportable. La historia del camionero hace que el otro hombre recuerde haber encontrado a una mujer que estaba durmiendo “como un ángel” en uno de los bungalows de verano que él estaba echando abajo. En tres representaciones separadas, a las cuales se les da el mismo peso, Mona ha sido descrita como una potencial víctima por andar sola, como una molestia por rechazar una relación sexual y como un ángel durmiente.

Mona es una vagabunda, una outsider, y como tal es su rol “… provocar la auto-examinación y la duda en las mentes de aquellos que ‘pertenecen’.”(4) Su presencia afecta a las amas de casa de mediana edad, a las estudiantes, a los camioneros, a los mecánicos, a los obreros, a los académicos y a las empleadas domésticas. Cada uno reacciona ante ella de una manera que indica su posición social en la comunidad. Por ejemplo, una joven granjera ayuda a Mona a llenar su botella de agua en el pozo de su familia y, más tarde, durante una comida familiar, le dice a sus padres que quiere ser libre como la campista. Cuando su madre le pregunta quién le haría la cena todas las noches, la chica responde discretamente “A veces sería mejor no comer.” Para esta chica, que vive una vida protegida con sus padres en un pueblo pequeño, Mona representa la libertad de ir a donde le plazca sin darle explicaciones a nadie, una vida plena de emociones. Otros padres se preocupan de que su hija resulte ser como Mona. Refiriéndose a la joven, una esposa dice a su marido, “Ella tiene carácter. Ella sabe lo que quiere. Cásate con el hombre equivocado y estarás atrapada por toda la vida. Me gustó esa hippie.” Para esta matrona de mediana edad, Mona representa la libertad de elección. A partir de estas breves observaciones acerca de Mona,  proporcionadas frecuentemente por testigos que aparecen sólo una vez y no están incluidos en ninguna de las relaciones sociales más complejas de la película, se expresa un rango completo de visiones sobre la joven.

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Los testimonios de aquellos que tuvieron vínculos significativos con ella durante sus últimas semanas de vida también ilustran visiones sociales. Las dos “amigas” de Mona, Madame Landier y Yolande, se acercan a ella por razones personales. Yolande descubre a Mona dormida en los brazos de David y desarrolla una fantasía respecto de la naturaleza de su amor puro, el tipo de amor que ella ansía. Cuando encuentra a Mona, Yolande se muestra ansiosa por cuidarla, pero Mona es capaz de cuidarse sola y, mientras tanto, demuestra que Yolande ha creado ella misma las limitaciones de su existencia. Madame Landier se siente tentada de pedirle a Mona que se baje del auto luego de que se subiera debido a su terrible olor, pero por amabilidad la deja quedarse y se acostumbra gradualmente a su hedor. Ella trata a Mona como a un excelente experimento sociológico y trata de entenderla mediante preguntas. En un punto, le dice incluso a su asistente, Jean-Pierre, si quiere echarle un vistazo a Mona mientras la joven espera en el auto.

La primera “amistad” se disuelve porque Yolande está celosa de Mona y la considera desagradecida. Yolande, una empleada doméstica romántica e infeliz, se siente inicialmente atraída hacia Mona porque, para ella, la joven representa algún tipo de paraíso alternativo. Tras espiarlos mientras dormían uno en brazos del otro, Yolande piensa que David y Mona viven en dichoso amor. Ella proyecta sobre ellos su imagen de una relación ideal y, a partir de entonces, su propia relación de pareja se muestra insatisfactoria. Yolande no pierde la oportunidad de conocer a Mona y llevarla su casa. A la mañana siguiente, Yolande le dice a Mona “Puedes hacerme compañía. Estoy tan sola.” Hambrienta de afecto y conexión, que no obtiene de su amante ni de su patrona, Yolande acoge a una completa extraña para llenar el vacío.

Durante el corto tiempo en que Mona se encuentra sola en la casa de la Tía Lydie (la casa en la que Yolande considera que no es más que una bata azul y un plumero), establece una amistad con la anciana y prueba que la servil vida de Yolande es autoimpuesta. Ver a Mona riendo y bromeando con su patrona hace rabiar a Yolande porque en una sola tarde Mona rompe las barreras que ella había establecido para sí misma. En vez de mantenerse silenciosamente lejos de la Tía Lydie y de ser la mascota de Yolande, Mona continúa haciendo lo que le viene en gana. Ella no necesita ni le importan las cosas que Yolande ha hecho por ella.

Yolande siempre ha tratado de ser complaciente. En una pequeña canción que su tío canta sobre ella, la llama “una de las sirvientas”, “servicial” y la describe como siempre tratando de verse a la moda. Ella vive para servir a su jefa y para buscar el amor verdadero. El comportamiento de Mona se opone completamente a todo lo que Yolande es. Ella no busca afecto. No trata de ser útil y ciertamente no le importa si se ve o no “atractiva.” Siendo tan diferente, Mona desafía la sensación que tiene Yolande de control sobre su situación. Ella ha crecido para aceptar su rol de trabajadora y amante poco apreciada y disfruta la sensación de control que le da esta posición (todos “necesitan” que ella trabaje tan duramente), pero la llegada de Mona desbalancea su rutina y amenaza esta sensación de control. Yolande no puede aceptar este desafío y echa a Mona.

La segunda “amistad” termina porque Madame Landier decide que ya es hora de que Mona salga de su auto. Durante el curso de su relación, Madame Landier cuida de Mona pero no espera nada a cambio. La recoge y la pasea por un corto tiempo, pero cuando tiene que volver a su vida, Madame Landier arroja a Mona a un lado de la carretera. Varda describe a Madame Landier como la única persona que actúa naturalmente alrededor de Mona. Mona nunca le pregunta a Madame Landier acerca de su vida personal pero “… la otra [Madame Landier], por sus antecedentes académicos, está acostumbrada a hacer preguntas… Es casi profesional.”(5) Varda piensa que ella representa la relación más “natural” que nadie tiene con Mona porque “… ella sabe que no se llevará a la chica para su casa, así que le compra comida, le da dinero y le dice adiós… Ella tiene la situación bajo control. No adoptará a la chica.”(6)

Madame Landier y Mona son opuestos sociales. Madame Landier tiene una carrera (es profesora de agronomía). Tiene una casa. Es limpia y está bien alimentada. Mientras ella y Mona viajan juntas, ella descubre que Mona solía ser taquígrafa, que tiene su diploma de bachillerato, que odiaba a sus jefes y que ahora no tiene el “look” adecuado para la mayoría de los trabajos. Tras llevarse algo de comida y champagne para Mona de una conferencia en la que realiza una ponencia, Madame Landier le pregunta a la vagabunda por qué dejó la sociedad. Siempre enigmática, Mona simplemente responde que “el champagne en la ruta sabe mejor.”

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Madame Landier es especialista en la enfermedad que afecta a los plátanos de la región y, mientras viajan a los lugares afectados, ella le describe la enfermedad a Mona. Las horas que pasan viajando en el auto son el paraíso para la joven. Está caliente, se está moviendo y hay música en la radio. Cuando Madame Landier se deshace de ella, Mona está decepcionada pero comprende. Madame Landier ha tratado a Mona como a uno de sus proyectos de investigación. Le ha hecho preguntas pero buscó no alterar su situación y la retira de su vida cuando la investigación está completa. Más tarde, en un momento de crisis, Madame Landier tiene una visión de Mona y se preocupa por ella. Se siente culpable por no haber hecho más de lo que hizo por la joven vagabunda.

Las actitudes de las dos “amigas” mujeres de Mona son paralelas en sus dos amantes, David y Assoun. David, como Yolande, desarrolla una visión de Mona que conforma con sus expectativas mientras que Assoun, como Madame Landier, acepta a Mona como es pero eventualmente se ve forzado a rechazarla. Mona y David pasan unos pocos días juntos. Ella se muda a su “squat” (el castillo abandonado), come su comida y fuma su ración mensual de droga en los cuatro días que están juntos. Pasan el tiempo haciendo el amor y escuchando música en la radio de David. Mientras todo procedía tranquilamente, Mona era feliz de quedarse con David, pero lo abandona cuando es golpeado durante el robo del castillo. En su testimonio, David, sentado en el vagón de un tren de carga, dice a los espectadores: “Yo pensé que ella era del tipo de las que se pegaban.” Él está herido por el abandono de Mona, cuando ella nunca prometió quedarse. En una de sus conversaciones, ella incluso había dicho “en general [las relaciones] no me duran dos días.”

David, solo en sus vagabundeos, esperaba que Mona estuviera sola también. Le dice a la joven que a veces llega a considerarse el “judío errante”, condenado a caminar solo eternamente. En Mona ve una compañera que puede unirse a él en su vagabundeo, pero no se da cuenta de que ella no tiene intención de vagabundear con nadie. Él se muestra herido por su rechazo.

En contraste, es su otro amante, Assoun, quien la rechaza. Cuando Assoun se encuentra con Mona en el viñedo, acepta a Mona tal como es. La invita a quedarse con él y a ayudarlo a cuidar los viñedos mientras que los otros trabajadores están fuera. Por un corto tiempo, Mona trata de trabajar al lado de Assoun, pero su progreso es lento y él le pide que simplemente trate de mantenerse a su ritmo sin importar qué tan pobre sea su trabajo. Eventualmente, Mona se sienta y lo observa trabajar. En su relación, Assoun trabaja y Assoun cocina; Mona simplemente existe. Ella le muestra ternura y afecto, defiende su valor ante la esposa del encargado y gradualmente se vuelve dependiente de su compañía silenciosa. Cuando los otros trabajadores regresan, le dicen a Assoun que Mona debe irse. Él la había aceptado, pero los otros no pueden. De acuerdo con Varda, Assoun es “… la víctima del grupo.”(7) Assoun quiere que Mona se quede, pero no puede forzar al grupo a aceptarla y no puede rechazar al grupo; por tanto, debe rechazar a Mona.

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Durante el tiempo que pasan juntos, Mona está contenta. Le pregunta a Assoun sobre su vida y sobre los otros trabajadores y disfruta yendo con él a la viña. Desafortunadamente, él no está en posición de ofrecerle más y cuando los otros la rechazan, no tiene poder para hacer que se quede.

El rechazo más duro que Mona enfrenta en su viaje es el del Pastor de cabras. En sus propias palabras, él eligió “un punto medio entre la soledad y la libertad,” cuando decidió rechazar la sociedad pero conservar una familia. La mañana siguiente a la llegada de Mona, su irritación con ella comienza a mostrarse. Él piensa que ella ha dormido lo suficiente así que hace un fuerte sonido para despertarla. Mientras hablan, él se entera de que ella vive por la libertad completa del camino, que no tiene ningún deseo de nada. Durante la cena, una noche, Mona menciona que le gustaría cultivar papas y el Pastor le da un pequeño trozo de tierra para trabajar. También la saca de la casa familiar y la coloca en un trailer abandonado en el jardín. Para disimular su ofensa por ser alejada del Pastor y su familia, Mona exclama: “Ustedes tres y el rebaño son una multitud”, mientras se muda a su diminuto nuevo hogar. Una vez en su nueva casa, Mona se olvida de su cultivo de papas. Se queda en el trailer leyendo, fumando y durmiendo. El Pastor, frustrado, finalmente la echa de su propiedad. Le dice que no es justo que ella esté sentada todo el día mientras él y su mujer trabajan. Durante la conversación en que él le pide que se vaya, Mona le dice al Pastor que si hubiera tenido las oportunidades que él tuvo (el tiene un título de máster en filosofía) no viviría en la miseria en la que él vive. ‘Vives en la mugre igual que yo, sólo que tú trabajas más,’ le dice al Pastor.

Más tarde cuando ofrece su “testimonio,” (que sigue inmediatamente a la violación de Mona) el Pastor dice: “Probando que es una inútil, ayuda al sistema que rechaza. Eso no es errar, es marchitarse.” El Pastor es “… aún esclavo de la ética de trabajo de la sociedad que aparenta rechazar,”(8) y no puede tolerar la haraganería de Mona. De acuerdo con Varda, el Pastor es “… el peor juez de todos porque quiere ser marginal a su manera. No acepta a las otras personas.”(9)

A través de estos cinco encuentros se alternan testimonios de otros testigos. Durante el episodio que muestra a Mona y a David juntos, Yolande se dirige directamente al espectador y dice, en referencia a ellos, “si están muertos es asqueroso, si están dormidos es adorable,” y un corte rápido muestra a la pareja durmiendo. También durante este episodio, el vigilante del castillo le dice a la policía que no cree que la “campista” haya tenido nada que ver con el robo. Después de que el Pastor la echa, una mujer de mediana edad dice que Mona le gustó porque “tiene carácter.” Durante el episodio en el que Mona viaja con Madame Landier, un obrero de la construcción describe haberla visto tratar de calentarse con una fogata y dice: “Estar así sola, debería haber hablado con ella.” Después de que los trabajadores de la viña la rechazan, el capataz de Assoun se pregunta “¿Dónde estará ahora? Pobre chica, tan joven.” El último testigo en ofrecer su testimonio es Assoun. Él simplemente mira a cámara y muestra la bufanda que Mona solía usar.

A partir de estas entrevistas, Varda ha mostrado cómo cada persona con la que Mona se ha encontrado ha sido alterado por el encuentro. Su comportamiento y las reacciones que obtiene han sido cuestionados por todos.  “… moviéndose en ida y vuelta hacia las vidas de las personas normales y hacia la vida de Mona, [Varda] ofrece una crítica implícita a la normalidad respetable… pero Varda misma claramente no ve la libertad de Mona como algo envidiable sino como algo terrible, incluso si las vidas convencionales, vividas dentro del comfort, de casas y de parejas, son profundamente no atractivas.”(10)

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  1. También traducida como Vagabond.
  2. Sandy Flitterman-Lewis, To Desire Differently: Feminism and the French Cinema (Chicago: University of Illinois Press, 1990), p. 314. (Quoting from Varda’s press book for Sans toit ni loi).
  3. Barbara Quart, “Agnes Varda: A Conversation,” Film Quarterly (Winter 1986/87), p. 5.
  4. Susan Barrowclough. “Sans toit ni loi (Vagabonde).” Monthly Film Bulletin. (April 1986), p. 120.
  5. Quart, p. 7.
  6. Quart, p. 8.
  7. Quart, p. 10.
  8. Sheila Johnstone, “Vagabonde,” Films and Filming (May 1986), p. 41.
  9. Quart, p. 10.
  10. Barbara Koenig Quart. Women Directors: The Emergence of a New Cinema, (New York: Praeger, 1988), p. 144.

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